
¿Quién dijo que Clinton no mató a nadie?
Octubre 24, 2006William Blum
CounterPunchTraducido para Rebelión por Germán Leyens
El horror caricaturesco de la política exterior del sindicato del crimen de Bush basta para que los USamericanos sientan nostalgia por casi cualquier cosa que haya pasado pasado. Y que Bill Clinton se pasee por el país y el mundo asociándose con causas “buenas”, basta para evocar reminiscencias en mucha gente de izquierda que debería saberlo mejor. Así que lo que sigue es un pequeño recuerdo de lo que involucraba la política exterior de Clinton. Conservadlo en caso de que Lady Macbeth se presente en 2008 y trate de beneficiarse del pasado de su amorcito.
Yugoslavia: USA jugó el papel principal en los años noventa en la destrucción de esta nación, una república tras la otra, y su peor infamia fue el terrible bombardeo durante 78 días consecutivos de la población en 1999. No, no fue un acto “humanitario”. Fue puro imperialismo, globalización corporativa, librarse del “último gobierno comunista en Europa,” mantener a la OTAN viva al darle una función después del fin de la Guerra Fría. No hubo un aspecto moral tras la política de USA. El líder yugoslavo derrocado, Slobodan Milosevic, es etiquetado rutinariamente de “autoritario” (¿Comparado con quién? ¿Con los bolcheviques?), pero eso no tuvo nada que ver. El gran éxodo de la gente de Kosovo resultó de los bombardeos, no de una “limpieza étnica” serbia, y mientras salvaba a los kosovares, el gobierno de Clinton ayudaba a la masacre de kurdos en Turquía. La OTAN admitió (sic) que atacó repetida y deliberadamente a civiles, entre otros crímenes de guerra.
Somalia: La intervención de 1993 fue presentada como una misión para ayudar a alimentar a las masas hambrientas. Pero USA comenzó pronto a tomar partido en la guerra civil basada en clanes y trató de reconfigurar el mapa político del país eliminando al señor de la guerra dominante, Mohamed Aidid, y su base de poder. En numerosas ocasiones, helicópteros de USA ametrallaron a grupos de partidarios de Aidid, o les dispararon misiles; lanzaron misiles contra un hospital en el que creían que se habían refugiado fuerzas de Aidid; también a una casa privada, en la que miembros del movimiento político de Aidid realizaban una reunión; finalmente, un intento de fuerzas USamericanas de secuestrar a dos dirigentes del clan de Aidid condujo a una horrenda y sangrienta batalla. Sólo esta última acción costó las vidas de más de mil somalíes, y muchos más fueron heridos.
Es dudoso que llevar alimentos a los hambrientos haya sido tan importante como el hecho de que cuatro gigantes del petróleo USamericanos tenían derechos de exploración de grandes áreas de tierra somalí y que esperaban que las tropas de USA terminaran con el caos existente que amenazaba a sus costosas inversiones.
Ecuador: En 2000, campesinos indígenas oprimidos volvieron a alzarse contra las tribulaciones causadas por las políticas de globalización de USA y el FMI, como ser la privatización. Sindicatos y algunos jóvenes oficiales del ejército se unieron a los indígenas, y su coalición obligó al presidente a renunciar. Washington se alarmó. Funcionarios USamericanos en Quito y Washington desataron una guerra relámpago de amenazas contra el gobierno ecuatorianos y los oficiales militares. Fue el fin de la revolución ecuatoriana.
Sudán: USA bombardeó deliberadamente y destruyó una planta farmacéutica en Jartum en 1998 en la creencia declarada de que se trataba de una fábrica para producir armas químicas para terroristas. En realidad, la planta producía cerca de un 90% de las medicinas utilizadas para tratar las enfermedades más mortíferas en ese país desesperadamente pobre; según las informaciones se trataba de una de las mayores y mejores en su clase en África. Y no tenía nada que ver con armas químicas.
Sierra Leone: En 1998, Clinton envió a Jesse Jackson como su enviado especial a Liberia y Sierra Leone. Esta última se encontraba en medio de uno de los grandes horrores del Siglo XX: Un ejército, sobre todo de muchachos jóvenes, el Frente Unido Revolucionario (RUF, por sus siglas en inglés), andaba violando y cortando los brazos y las piernas de la gente. La opinión pública africana y del mundo se indignó contra el RUF, dedicado a proteger las minas de diamantes que controlaba. El presidente liberiano, Charles Taylor, era aliado y partidario indispensable del RUF y Jackson era un antiguo amigo suyo. Jesse no fue enviado a la región en un intento de restringir las atrocidades del RUF, ni para presionar a Taylor por sus violaciones generalizadas de los derechos humanos, sino que, en junio de1999, Jackson y otros funcionarios USamericanos redactaron secciones enteras de un acuerdo que convirtió al líder del RUF, Foday Sankoh, en vicepresidente de Sierra Leone, y le dio el control oficial sobre las minas de diamantes, la mayor fuente de riqueza del país.
Iraq: Ocho años más de sanciones económicas que el Consejero Nacional de Seguridad de Clinton, Sandy Berger, llamó “las sanciones más intensas jamás impuestas a una nación en la historia de la humanidad,” devastando absolutamente todo aspecto de las vidas del pueblo iraquí, particularmente su salud; verdaderamente un arma de destrucción masiva.
Cuba: Ocho años más de sanciones económicas, hostilidad política, y de salvaguardia a los terroristas anticastristas en Florida. En 1999, Cuba presentó una demanda contra USA por 181.100 millones de dólares en compensación por pérdidas económicas y pérdidas de vidas durante los primeros cuarenta años de esta agresión. La demanda hace responsable a Washington por la muerte de 3.478 cubanos y por las heridas e invalidez causadas a otros 2.099.
Sólo las potencias imperialistas tienen la capacidad de imponer sanciones y por ello siempre están exentas de ellas.
En cuanto a las políticas internas de Clinton, hay que recordar estas dos hermosuras: La “Ley de Pena Capital Efectiva” y la “Ley para la Reforma del Bienestar Público.”
Y no olvidemos la masacre en Waco, Texas.
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William Blum es autor de “Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Rogue State: a guide to the World’s Only Super Power”, y de “West-Bloc Dissident: a Cold War Political Memoir”.
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