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Renos, “deuda ecológica” y colapso

Octubre 24, 2006

 

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En 1944 una población de 29 renos fue introducida a la isla de San Mateo donde no existían predadores naturales de la especie ni humanos que los cazaran. Sin estos predadores la población de renos creció de manera exponencial para llegar a unos 6000 renos en 1963. Sin embargo, la población colapsó inmediatamente después llegando a un total de 41 hembras y un macho en un conteo realizado en 1966.

 

La capacidad de carga estimada de la isla para soportar renos era de unos 1600 pero fue superada rápidamente en ausencia de predadores. Los animales siguieron aumentando usando un sustento “no renovable” de líquenes para soportar el invierno. Los líquenes crecen lento y los animales comieron más que la capacidad de los líquenes para recuperarse. Así, superada la capacidad de carga, los renos pudieron vivir y seguir creciendo por varios años usando las reservas de líquenes hasta su colapso final. La población nunca volvió a recuperarse y para el año 1980 se había extinguido.

 

 

A propósito de la “deuda ecológica” que tanto se menciona por estos días. Toda analogía a escalas temporales y espaciales distintas debe tomarse con precaución. Sin embargo, existen ciertos patrones en los ecosistemas que como humanidad debiéramos tener en cuenta. Esto es especialmente relevante cuando en el plazo de 150 años hemos llegado a un punto en que todas nuestras actividades, especialmente la comida, dependen de un recurso que no es renovable y para el cual no existe un sustituto claro (los que existen no le llegan ni a los talones). Recordemos que en 1850 más del 80% de nuestra economía funcionaba en base a energía proveniente de los animales (65%) y animales humanos. Otro punto de cuidado es que la mayoría de los economistas sigue tratando al petróleo y la energía como un bien más, con demandas y ofertas bastante elásticas. Desde una perspectiva un poco más ecológica, la existencia de energía disponible es una precondición para la existencia del resto de los recursos. Desde un punto de vista geológico, la oferta energética de petróleo ya no puede aumentar.

 

¿Y qué pasó entonces? Ya veremos. Por el momento, y tomémoslo sólo como una de las tantas coincidencias de la vida: Desde 1999 hemos disminuido el stock de granos que la humanidad almacena en graneros a la mitad. Si en 1999 podíamos alimentar a toda la humanidad por 166 días comiendo de lo almacenado, ahora las reservas sólo alcanzarían para 57 días, nivel más bajo en los últimos 25 años. ¿Causas?, repetidas malas cosechas por sequías en distintas partes del mundo. ¿Causas?… se puede especular. ¿Razones para preocuparse? No. Es más entretenido hacer algo para solucionarlo, pero sin preocuparse, porque eso de preocuparse sin mover las patitas estresa.

Fuentes:
DR Klein. 1968. The introduction, increase, and crash of reindeer on St. Matthew Island – Journal of Wildlife Management
John Gever y otros. 1991. Beyond Oil: The Threat to Food and Fuel in the Coming Decades
Gwynne Dyer. 2006. How Long Can the World Feed Itself?

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